Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojas – Parte 1

Crónicas las Zapatillas Rojas:

Introducción – Las Crónicas de las Zapatillas Rojas son una serie de artículo eróticos que los puedes leer desde nuestro blog o bien en varios blogs que podrás encontrar por Internet. Hace algún tiempo, hacia el año 2008/09 una amiga ha compartido conmigo esta serie de relatos eróticos pero nunca los había publicado. Sin embargo he decidido publicar aquí en el blog todos las crónicas que tengo en mi poder y compartirlas con nuestros lectores y usuarios. Los textos son muy largos y por esa razón los dividiré por partes para que se puedan leer mucho mejor y de manera placentera. Al final de cada parte mencionaré los otros sitios donde se pueden encontrar estos relatos y el autor del mismo.

Tras el largo viaje de vuelta desde Europa Oriental, Sydney Fox se encontraba exhausta, había sido una búsqueda muy difícil y complicada, lo único que quería ahora era tomar un largo baño de tina y luego dormir por dos días seguidos.

-Bueno, ha valido la pena -pensó mientras dejaba las maletas en su alcoba.

Encendió su radio-despertador en una de sus estaciones de música favorita (una clásica), recogió su bata y se encamino al cuarto de baño.

-Al fin conseguimos encontrar las legendarias “zapatillas rojas” del cuento –sonrió para si al recordar la famosa historia: una vez que la chica empezó a bailar con las zapatillas encantadas no pudo parar hasta que la salvó su príncipe. Una historia infantil más… se había encontrado con fenómenos sobrenaturales antes, pero esto era demasiado ridículo.

Lentamente se desnudó: primero los ya sucios pantalones de trabajo y las botas, quedándose solo en sus pantaletas tipo bikini, luego su blusa, dejando sus morenos y redondos senos libres de toda prenda. Abrió la llave del agua y esperó a que se calentara.

-Espero que Nigel se sienta mejor -susurró para si; lo había llevado a su casa aprovechando que le quedaba de camino a su hogar, el pobre se había torcido un tobillo durante la búsqueda y necesitaba el descanso aun más que ella.

Sydney escuchó un ruido en su habitación, se puso la bata y salió cautelosamente, pero no parecía haber nada fuera de lugar. Una de sus maletas estaba caída de costado junto a la cama, seguramente se había caído…

-¡Uff, tengo que relajarme –pensó mientras sacudía la cabeza y volvía al baño, en donde ya se acumulaba el vapor.

Equilibró la temperatura y cuando la sintió a su gusto introdujo su bronceado y curvilíneo cuerpo en el agua, lentamente se enjabonó la cabeza, sus esbeltos brazos, sus torneadas piernas, que aunque muy fuertes, no se notaban musculosas sino bien formadas, femeninas.

Después de lavar su vientre empezó con su busto, sus pezones se endurecieron y ella se relajó dejándose llevar por la sensación, recargando la cabeza totalmente hacia atrás y cerrando los ojos.

Cuando salió del baño, ya más relajada y descansada, se recostó todavía en bata en la cama; el cabello todavía húmedo le caía sobre el pecho como los hilos de una negra telaraña. Pero aun tenía cosas por hacer antes de poder ir a dormir, así que se levantó y comenzó a secarse la cabeza frotando vigorosamente la toalla en su cabeza. Mientras lo hacia se quedó mirando su maleta de mano.

-Tengo que poner las zapatillas a buen recaudo hasta el lunes que las lleve a la universidad –pensó algo preocupada. A pesar de no ser cosa de magia se trataba sin duda de una prenda de gran valor pues parecía provenir del siglo XIV, siendo probablemente más antiguas, quizá originarias del Medio Oriente y pertenecientes a la nobleza.

-Las pondré en la caja fuerte –decidió- Al menos estaré más tranquila.

Cuando terminó de secar su largo y sedoso cabello, abundante y casi negro, lo peinó varias veces para evitar que se le enredara al dormir. Después deshizo el equipaje y finalmente se dirigió a su maleta de mano para tomar las zapatillas.

Se sentó de nuevo en la cama, en la radio había terminado un concierto de violín y los comentaristas estaban dando sus opiniones antes de la publicidad.

Sydney sacó el paquete de tela roja que envolvía la reliquia que habían encontrado tan lejos de su lugar de origen y decidió darle un vistazo antes de guardarlas para asegurarse que de todo estaba bien.

Colocó el paquete en la cama y lo desenvolvió lentamente, todo parecía bien pero pensó que sería mejor observar detenidamente la reliquia. En verdad eran preciosas, unas sandalias de suave piel color rojo obscuro, casi vino; tres finas tiras de cuero que cruzarían paralelas sobre el empeine del pie mas otra que sostendría flojamente el talón de quien la usara, la plana suela era muy delgada y parecía bastante flexible, como si fueran más unas zapatillas de ballet que sandalias.

-Es evidente que no son para la calle sino para estar en casa –dedujo Sid- es increíble que un objeto tan frágil se haya conservado de manera tan perfecta después de tantos siglos, sin duda el tratamiento que le hayan dado revolucionaria la industria de la piel actual.

A pesar de su sencillez, su acabado eran tan suave y exquisito que se notaba que eran para mujer, eran demasiado finas para el pie de un hombre, además de pequeñas.

-Mmmmm, me pregunto si…

Sydney las colocó en el suelo y puso su pie desnudo a lado de ellas, parecían de su medida…

El rostro de Sid se iluminó con una sonrisa traviesa.

-Bueno, ¿por qué no? No le haría daño a nadie con probarme un poco unas antiguas zapatillas de la nobleza de medio oriente –pensó divertida.

Con mucho cuidado se colocó la del pie derecho, luego extendió su pierna poniéndola totalmente recta y el pie en punta, tras moverla un par de veces para ver como lucía se puso la otra, extendió ambas y miro como las zapatillas estilizaban sus de por si bellas extremidades.

-¡Vaya, en verdad se ven preciosas! Tendré que copiar el diseño y mandar a hacer unas iguales para mi.

Se levantó y dio un par de pasos para sentirlas al caminar, de inmediato notó lo cómodas que eran.

-Uff, es casi como ir descalza, como si llevara unas medias ¡Si no fuera por la tira del talón se me podría salir el pie de ellas y casi no me daría cuenta.

Aun antes de quitárselas, Sid ya estaba pensando en volvérselas a poner antes de llevarlas a la universidad, justo entonces los comentaristas de la radio terminaron de presentar la siguiente obra y comenzó la melodía: un veloz concierto para violín.

Sidney se quedó un instante parada, le pareció oír, o más bien percibir algo, era como una vibración u ondulación que parecía venir de piso de la habitación. Pero al mirar hacia abajo sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa. ¡Su pie derecho taconeaba al ritmo de la música sin que ella lo hiciera conscientemente!

El otro pie comenzó a subir y bajar el talón al ritmo; entonces Sid decidió que lo mejor era quitarse las zapatillas, quiso sentarse entonces en la cama pero sus piernas no le obedecían y sus caderas comenzaban a girar con la música, eso fue todo, decidida se inclinó para quitárselas pero justo entonces la música aumentó de volumen súbitamente ¡y llegó el caos!

Todo se volvió borroso y Syd ya no podía controlar ninguna parte de su cuerpo, estaba como atrapada en un cuerpo ajeno, se retorcía y giraba en consonancia con la música, sus manos se levantaban muy en alto, su espalda se arqueaba, daba saltitos, recargaba las manos en la pared mientras su cintura se seguía balanceando, o se arrodillaba mientras movía las caderas de un lado a otro, adelante y atrás o extendía las piernas. En uno de estos pasos la bata se deslizo de sus hombros y cayo al piso, con lo que la hermosa profesora continuó bailando desnuda.

Se dio cuenta de que podía controlar su cuello y cabeza un poco, con algo de esfuerzo volteó para ver sus piernas, las vio tensarse y relajarse alternativamente antes de levantarse y seguir de manera totalmente independiente a su voluntad.

Syd gritó por la sorpresa pero solo emitió un suave gimoteo

-Nooooo… ¿Que demonios…esta pasando? ¡Las zapatillas en verdad están encantadas! –susurró.

Se sentía casi sofocada por su veloz baile cuando se dio cuenta de una rara sensación que se empezaba a propagar desde sus pies, un calor empezaba a subir desde la punta de sus pies por sus tobillos, sus pantorrillas, sus rodillas y muslos hasta su entrepierna, en ese momento esa energía se apoderó de la vagina de Sydney Fox.

Sintió como su vulva se humedeció, su clítoris se endureció y aun contra su deseo empezó a excitarse sexualmente, la sensación se extendió de su feminidad al resto de su cuerpo: sintió mariposas en el estomago, sus senos se volvieron muy sensibles y sus pezones estaban como piedras de una manera casi dolorosa, pero seguía siendo increíblemente placentero, sus manos se sentían flotar, la boca se le hizo agua e inconscientemente se empezó a pasar la lengua por los labios, de pronto se dio cuenta de que estaba perdiendo la noción de lo que le pasaba debido al placer.

-Nooo…que…está…pasándome –comenzó a jadear mientras seguía bailando a toda velocidad.

Cuando la música alcanzo su etapa climática una mano de Sid se lanzó sobre sus senos y comenzó a acariciarlos. Su redondez inferior, la parte superior, donde estaría su escote, y sus pezones… tan sensibles que cuando los apretó y retorció se le escapó un indeseado gritito.

-¡No, par…a…a…a…aaaaahh…! –su primer orgasmo la golpeó como un látigo hecho de seda, pero la música seguía…

En breve te presentaremos la 2º parte de este relato erótico, estate atent@ que esto promete.

Puedes leer aquí la parte 2 del relato erótico: SYDNEY Y LAS ZAPATILLAS ROJAS

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